El pueblo que no quería crecer


Había una vez un pueblo sanguinario, dividido, oportunista, que no quería crecer. Refugiado en su derrota, en sus miles de derrotas, cobijado por la autocompasión, para cada fracaso tiene una excusa, una explicación.

En las páginas del libro El pueblo que no quería crecer de Ikram Antaki están atrapados todos los monstruos, desde el vecino que se roba la luz, los cables, el que se mete en las filas, hasta los estafadores de mont blanc, de cuello blanco, los sacadólares, los que tienen casas en el extranjero compradas con disciplinadas cuotas sindicales o yates adquiridos con su merecida jubilación.

Por eso, el libro debería tener como advertencia en su tapa que es como una caja de Pandora. Una vez que se abra malos recuerdos vendrán a nuestra mente: desde los errores de diciembre, las devaluaciones, los crímenes de policías corruptas, los presuntos culpables purgando condenas inexplicables, hasta los magnicidios.

El mexicano, dice Ikram Antaki, no sabe trabajar en equipo: “los mexicanos no gustan de la colaboración. A veces, en los momentos dramáticos, surge una suerte de solidaridad masiva emocional, pero ésta se apaga rápidamente; y jamás la he visto surgir para la realización de una tarea racional constructiva y de largo plazo”.

México está lleno de líderes de opinión. A donde quiera que se voltee hay uno, lo mismo conducen noticieros, escriben, usan el tuiter o los mandan de corresponsales a Japón. Antaki escribe: “Lo que les hace falta a los intelectuales mexicanos no es la bendición del poder, una mejor vida material o incluso un público mayor, sino conventos. En estos conventos vivirían los anacoretas que elaborarían la verdadera cultura”.

La novela Dos Crímenes de Jorge Ibargüengoitia comienza con una definición de país: “La historia que voy a contar, empieza una noche en que la policía violó la Constitución”. Por su parte Antaki señala: “Para los mexicanos la libertad es opuesta a la ley, que es limitante y represiva. Es aire, es tormenta, vientos ilimitados, fieras carnívoras; la libertad es libre de su propia humanidad; es libre de la necesidad, del amor; del trabajo, de los hijos, es libre de la vida y puede aliarse con la muerte; es libre de la ciudad, de acuerdo mutuo, de la patria, de la lealtad…”

Y como nadie es profeta en su tierra, quien decida enfrentarse a las mayorías tiene que adaptarse, resistir o irse. Añade Antaki: “Sus grandes hombres han tenido que dejar de ser grandes; o han sido ninguneados o destruidos, odiados y rechazados; algunos han logrado salvarse escogiendo la extranjería. Este sistema hace de la mediocridad la virtud óptima y se caracteriza por el odio profundo a todas las virtudes”.

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Un comentario a El pueblo que no quería crecer

  1. NORMA SANCHEZ agosto 10, 2012 en 5:49 pm

    CREO QUE ANTAKY HA SIDO MUY ATINADA A LO ESCRITO EN SU LIBRO, LOS MEXICANOS NOS RESISTIMOS A CRECER, CREEMOS TENER BIENERTAR O SIMPLEMENTE NO PENSAMOS EN ELLO, VIVIMOS POR VIVIR, NO TENEMOS REALMENTE LA CONCIENCIA DE LO QUE LE HA SUCEDIDO NO SOLO EN ESTOS ULTIMOS SEXENIOS, DESDE SIEMPRE SE HA CONFORMADO COMO UN PAIS SUFRIDO Y AL PARECER ESTA DESTINADO A ELLO NO PUEDE Y NO QUIERE CRECER. ES MEJOR PARA LA MAYORIA DE LOS MEXICANOS PRENDER EL TELEVISOR Y ATONTEJAR LA MENTE.

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