Vivir en la ciudad de México


El individuo que decide vivir en la Ciudad de México asume sus múltiples beneficios pero también sus costos. Las grandes capitales ofrecen la posibilidad de encontrar empleo en mejores condiciones, o cuando menos, con la posibilidad de que el mercado de trabajo sea más amplio que en otras regiones. “Una buena proporción de la gente que migra a la Ciudad de México o que vive y permanece en ella es porque encuentra fuentes de trabajo que no encuentra en otras áreas, como en las zonas rurales. El desempeño de cualquier tipo de actividad es posible en una gran metrópoli como la Ciudad de México. Desde el comercio informal hasta el limpiar parabrisas o hacer malabares en las esquinas, son actividades que no se pueden dar en una localidad rural, pero sí en la capital”, señala en entrevista para El Horizontal el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales, Carlos Welti.

El sociólogo afirmó que los costos por los servicios públicos en la Ciudad de México son mucho menores que en otras áreas, aunque “esperaría desde luego que con el proceso de privatización que se está visualizando en esta ciudad, los servicios públicos no se incrementen y lleguen como en otros países que ya privatizaron los servicios de recolección de basura, suministro de agua, drenaje, para no hablar de la vías de transporte que es otro componente importante, porque estamos viendo que según los planes, habrá que pagar para usar una vía para transportarse en ciertas áreas de la ciudad”. Recalca que los servicios públicos son y deben ser una obligación del Estado porque por eso se pagan impuestos.

Welti agrega que hay otros servicios como los educativos que están disponibles para una buena proporción de la población, la oferta educativa en la Ciudad de México es más extensa en otras partes de la República, sobre todo el ingreso a una universidad pública es más viable. Aunque con sus limitaciones hay más posibilidad de acceder a servicios de salud pública y privada que en las zonas rurales. Entonces, en términos generales hay una serie de beneficios que superan considerablemente los costos que conlleva el vivir en la Ciudad de México.
¿Y cuáles son esos costos?

“Uno de ellos es el tiempo que se tiene que invertir en el traslado desde el lugar en que se habita al lugar donde se desempeña otra actividad, ya sea el estudio o el trabajo. Para una buena parte de la población prácticamente el 30 por ciento de su jornada está dedicado al transporte, y esto por cierto, será cada vez peor. Se habla de todas las opciones a las que un capitalino tiene la posibilidad de asistir, como por ejemplo, a espectáculos, museos, cines, teatros, entre otros, aunque en la realidad muy pocas veces se pueden disfrutar, porque en la mayor parte de las veces es prácticamente imposible llegar a los lugares donde se ofrecen, si vas de un lugar a otro de la ciudad puedes llegar a tardarte una, dos o tres horas en trasladarte. De seguir esto así, en futuro próximo la gente va tener que quedarse en su casa a trabajar ocupando las ventajas de las nuevas tecnologías para comunicarse porque el traslado de un lado a otro se hará cada vez más complicado y dejarán las citas a nivel personal más esporádicas”.
“Según proyecciones que hemos hecho, aproximadamente en el 2025 esta ciudad va estar colapsada ya que no será posible transportarse, y si no se abren nuevas opciones esto probablemente llegue aún más temprano como el 2015. Ya lo estamos viviendo, en algunas áreas la única opción es el transporte público y fundamentalmente el metro. Por fortuna, éste por el subsidio que todavía recibe, resulta ser un servicio de muy bajo costo, de hecho, los servicios de transporte son de muy bajo costo. No hay ninguna ciudad en el mundo que tenga el crecimiento del parque vehicular como lo tiene la Ciudad de México, alrededor de 300 mil vehículos se incorporan a éste cada año”.

¿Cómo puede una ciudad construir vías de comunicación para responder a esta demanda?

“Primero tenemos el problema del espacio, los modelos de los autos no permiten tomar decisiones en relación con la movilidad de la población, por ejemplo, pasar de un vehículo sedan a una camioneta dificulta la movilidad y ha habido un crecimiento en años recientes precisamente de las camionetas 4 x 4 que aparte de contribuir a que el tráfico se vuelva caótico, aumentan la contaminación. En realidad no se si tiene salida, es un escenario apocalíptico que nos debe poner a pensar si esto se asume como un costo de muy largo plazo”.

Pero existen otros costos, —agrega— la gente que habita esta ciudad está consciente además de los riesgos de vivir en una zona sísmica, aunque sabe que las probabilidades de enfrentar un terremoto no son muy reducidas. “No quiero pensar en un terremoto como el que se suscitó en Japón sucediera en la Ciudad de México, porque hay que recordar que en Japón el daño mayor fue causado por el Tsunami, pocos edificios sufrieron daños porque están sujetos a una normatividad muy estricta de construcción, pero aquí no, los edificios que se cayeron en 1985 fue porque estaban mal hechos. Aún con eso, la gente asume ese costo y se siguen construyendo”.

De acuerdo con Welti un tema sustancial es el del agua, ya que es muy probable que en corto plazo estemos enfrentando la falta de abastecimiento de agua, pero la gente sigue sin tomar conciencia y malgastándola, lo que llevará a la privatización de este servicio y ahí entra un problema político. “Me parece que hay la intención de impulsarlo y lo que se está planteando con las primeras iniciativas es precisamente la punta de ese iceberg, la privatización de los servicios, nada más que hay que recordarles a los gobernantes que esto permitió que se diera un cambio en un país como Bolivia, la privatización de los servicios de agua potable le permitió a Evo Morales llegar a la presidencia. Por tanto, la carencia del agua es un escenario más a corto plazo”.

El especialista en Demografía añade que existe otro grave problema: la sobrepoblación. “En la Ciudad de México ya hay muchos habitantes y seguimos creciendo. En este siglo se ha abandonado completamente la política de población, así nos lo muestra el censo de 2010, estamos 4 millones por encima de las predicciones oficiales, y no hay intención del gobierno panista de cambiar las cosas por su visión ideológica.”

Esto aunado a que la ciudad de México es el área más envejecida de todo el país, tiene la mayor proporción de gente de la tercera edad, lo que nos planeta otros problemas, ya que la gente mayor demanda otros servicios que no necesariamente requieren otros sectores de la población, entre ellos servicios de salud, los cuales son muchísimo más costosos, porque los adultos mayores tienen que enfrentar las enfermedades crónico degenerativas, lo que requiere sean tratadas permanentemente. Otra presión es la movilidad de este sector de la población, ya muchos de ellos tiene discapacidades generadas por la edad, lo que se transforma en un problema adicional que se tiene que analizar. Hay ocasiones en que personas de edad avanzada, pueden pasar muchísimo tiempo paradas en una esquina sin poder cruzar la calle porque no les da tiempo la luz roja de los semáforos que detiene a los vehículos para pasar de un lado a otro. En ciudades como Barcelona se tuvo que cambiar la duración de los semáforos por la población de gente mayor que no podía pasar.

El también especialista en Dinámica de la población y comportamiento reproductivo de la población, aseguró que otro de los costos de vivir en la capital es la violencia, aunque hay que señalar que “la violencia que vivimos los habitantes de esta ciudad no se compara con la violencia que se vive en otras partes de la República”.

A pesar de todo lo caótica que pueda llegar a ser la Ciudad de México tiene muchos beneficios, aquí está concentrado todo, el conocimiento, los contactos, la interacción con lo que uno le interese interactuar. “Es una ecuación costo-beneficio. Los beneficios de vivir en la Ciudad de México superan considerablemente a los costos monetarios o a los costos en materia de seguridad, por eso digo que la decisión de vivir en esta metrópoli es una decisión que se justifica racionalmente”, concluye Welti.

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