Rafael no deja de mirarme
Lo conozco ya de antes, de otras vidas, de instantes.
Esperaba ansiosa el encuentro, saber que alguien me leía desde hace tiempo me desabrochaba el corazón. Quería saberlo, sentirlo, mirarlo.
El frente a frente se dio pronto, a los pocos días de tener noticias suyas. Como golpe de suerte, hubo quien nos enlazó.
Sábado 12 de mayo de 2012, 18:30 hrs. Avenida Álvaro Obregón y un toque de memoria.

Se abre la puerta del portón negro y un pasillo oscuro no es predicción de lo que encontraré dentro. (Foto de Collwyn Cleveland)
Se abre la puerta del portón negro y un pasillo oscuro no es predicción de lo que encontraré dentro. Una joven de cabello rojo me abre la puerta con sonrisa enorme en el rostro y me da la bienvenida como si supiera mis colores favoritos. Una segunda puerta, la número 18 está completamente abierta, entonces jalo aire de una sola bocanada asfixiante, y camino con seguridad por el pequeño pasillo. Una pared me separa de un sabio y ese instante se hace largo, saludo a quien ya conozco, y de pronto un larga mirada, respiro las notas de Bob Dylan que no se escuchan pero se recuerdan en ecos, y lo encuentro, el sabio que a mi corazón completa.
Se llama Rafael. Su sonrisa transparente me traspasa, me llena huecos y me hace humana de golpe. Me acerco temblorosa, con mejillas sonrojadas y respuestas para preguntas que nunca antes me había hecho. Me extiende su mano y la aprieta fuerte, me mira. Esos ojos que ningún hombre había tenido para mí. Ojos de certezas y fe.
Me siento en su mesa kitsch sostenida por cuatro cisnes, siento miradas diferentes clavadas en mi espalda. Son los ojos de escritores que lo acompañan en retratos y le hacen más suave la vida. Sin contenerse, empieza a hablar de mí y mis letras, y me regala prosa rítmica en cada punto y seguido. Me hace sentir otra, una flor perfumada, un regalo, una aventura, un secreto descubierto. La coraza suelta amarras y me veo desnuda frente a quien por primera vez me mira. Es como si un eco retumbara no en voz sino en huesos quebrantados. Siento que mis mejillas se sonrojan, siento como de golpe me fluyen las palabras y las respuestas a cada una de sus preguntas, me vuelvo libre y ágil mientras mis letras no se piensan, salen una tras otra cuando hablo de aire frío, de noches de búsqueda. Me vuelvo libre en esa habitación blanca que me llena las pupilas de recuerdos. El amigo que me llevó hasta ahí, sonríe entre el gozo y el orgullo, y comparte mis sonrisas de creencia. Él también me cree, por eso me ha llevado hasta ahí.
Estiro de pronto una cajita de galletas que busqué por la ciudad. En cada una hay un sueño y una memoria, un rincón de nube y de esperanza, una ultrajada serenidad que se vuelve deseo de regalar vida, de donar aire para que nunca se agote.
Me siento segura y a salvo en ese lugar.
La plática va de coma y punto hacia mí. Mientras respondo sin miedo. Sé que puedo equivocarme, que puedo ser la metáfora que soy y el despertar que quiero ser. En esa mesa hay dos almas más que me acompañan, hay silencios y pausas. Está mi voz entregada a las respuestas, descubriendo que no hay sintaxis, ni gramática incurable, que puedo ahogarme en mis propios adjetivos, y aun así saberme salvada, silenciosamente.
Rafael, tiene una sonrisa amplia, una sonrisa que nunca había sentido en nadie. Es delgado y no muy alto. Su voz es acompasada y en cada pausa el sonido del silencio que lo acompaña lo hace parecer un globo que flota sin hilo en el aire. Se mueve trabajosamente, pero en su rostro apenas y se percibe el esfuerzo. Tiene esclerosis lateral amiotrófica.
Los doctores le han dicho que ha sobrepasado sus expectativas y eso a él parece no romperlo. Quizá en silencio lo lastime la falta de fe en su fuerza; sin embargo, esta contagiado de alegría, de poesía y hermanos sin su sangre, que lo besan en la mejilla y le acarician la cara con manos y miradas.
La tarde va pasando, de vez en cuando miro por la ventana, se va oscureciendo poco a poco. Miro a todas partes, quiero encontrar el objeto sagrado que lo vuelve a él un ser mágico. Veo sólo las paredes blancas, nada que penda del techo como un dedo Dios, entonces lo vuelvo a mirar, es la diestra que tiembla lo que lo hace fuerte, lo que le hace ser el salvador de su propia vida y de la mía que apenas y empieza a tocar.
Llegan más personas: voz de locutor de radio, extranjero hecho mexicano. Y la plática se extiende, quedo en medio de humo de cigarro y gotas de merlot en botellas descorchadas. Mis ojos van de un lado a otro, me siento por momentos parte de la convención, y recuerdo a quienes nunca he conocido, imagino Tecolutla y los viajes de cada año. Me imagino espía entre ellos, silueta y fantasma que los rodea y a cada uno le regalo una mirada. Me siento segura ahí.
Rafael no deja de mirarme, reconoce en mi a la que soy y a la que se da, sabe que tengo los ojos con las lágrimas agolpadas por el encuentro, las palabras contenidas por sentirme en medio de un grupo de hombres que hablan de vida y nada más. Lo miro de reojo, él lo sabe, y me sigue con la mirada acompañándome para que las letras salgan suaves y fuertes de mi garganta. Me reconoce en él, y me sabe en mí, así es Rafael. Así me toca a mí.
Saber que su vida es un tanto más frágil lo entrega a todos, repite con diferentes tonos las palabras que sus huesos le dictan. No lo detiene el miedo, al contrario, lo acaricia.
Se hizo de noche. Cuando me despido de él, toma mis manos frías y de suspiro las entona, lo abrazo con fuerza y sin ganas de soltarlo. Quisiera quedarme ahí, acompañarlo. Sacudirle la sonrisa, curarle la diestra y hacerme zurda con su mano. Escribir juntos en silencio y al terminar leer en voz alta nuestras faltas de ortografía y amortiguar más las diéresis.
Salgo de ahí, otra vez ese pasillo largo que ahora es de verdad oscuro, deja tras de mí la puerta del departamento número 18, dónde él ha construido un mundo y una fortaleza donde no existe el miedo, y habitan sólo las letras con las que sus huesos nerviosos se curan.
No puedo evitar desatar el nudo de mi garganta apenas y salgo al mundo que no es real. Quiero correr lejos y regresar. Tener milagros para ofrecerle, poesía sin métrica y rima para levantarlo a caminar, brazos y piernas fuertes que amputarme y donar.
De regreso a casa, miro el cielo… ¿en qué lugar de Dios existe una diestra para él?
Rafael Mulia, compuso, sin saber, melodías en mis espacios rotos, en mis conjugaciones imperfectas, en mi fe casi perdida y me hace volver a creer. Me anima a escribir en futuro verbos inventados que yo desconocía, me hace extender mi mano, mirarlo comer galletas llenas de sueños, de aire que hoy le dono, de vida que le comparto, de estirones a brazos tristes, de deseos de vida larga en compañía y de canciones de Bob Dylan que apenas y tararea.





De sonrisa franca y de corazón abierto al igual que su casa, así es el negro, amigo, hermano, cómplice de travesuras de mi marido el Nene, se deja querer sin condiciones, como no querer a alguien al que es fácil querer ; Mariana bienvenida al clan Mulia
Mariana, ya me había platicado mi carnal de tí, pero como es muy
mentiroso pues le creí como le he creído toda la vida, y ahora me
topo un texto hermoso y lleno de amor como el que le tengo a mi
hermano y que ahora lo comparto contigo.
Gracias Mariana
Muchas gracias Mariana, ese senior al cual desdribes a la perfeccion es un icono en mi vida y en la de todos los que formamos parte de su vida.
MARIANA: HOY DOMINGO 3 DE JUNIO DE 2012 SUPE DE TU EXISTENCIA A TRAVÉS DE LAS PALABRAS DE RAFAEL MULIA, ME RECOMENDÓ LEER “RAFAEL NO DEJA DE MIRARME”, DESPUÉS TAN SOLO ME DI CUENTA DE LA FACILIDAD DE AMBOS PARA
PLASMAR AL OTRO, UNO A A TRAVÉS DE LA PALABRA ARTICULADA Y LA OTRA A TRAVÉS DE LA PALABRA ESCRITA. UN SALUDO Y AGRADECIMIENTO DESDE MEXICALIA, B.C.
GRACIAS MARIANA!!
Ha sido un deleìte leerte!!
Y describir la compañia de Rafael…es exquisita!!
Me siento muy Bendecida por ser su amiga!!
Es la primera vez que te leo y me has motivado para
continuar haciendolo.
Saludos.
Araceli:
Ser bendecidas por la amistad de Rafael, nos hace de cierto modo, partes de lo divino que él regala.
Muchas Gracias por leerme, espero no decepcionarla.
Un abrazo.
Mariana
Nuevamente llevas a tus lectores de tu mano, en forma sutil y hermosa, y no me queda más que agradecer que compartas conmigo lo que escribes; me fascina.
Por favor sigue escribiendo de la misma manera y nunca pierdas los motivos para llevarlo a cabo, FELICIDADES.
Marianita, simplemente hermoso!!
No dejas de sorprenderme.
Te impulso a que sigas adelante transmitiendo tu sentir y tu pensar a tráves del papel y el lápiz, por que la verdad lo haces excelentemente bien.
Hay que agradecerle de igual forma a Rafael por ser la inspiración para tan hermosa publicación.
Quiero decirte que soy una gran admiradora tuya!! :)