Quadri, el vocero del cinismo
El cinismo necesitaba un representante, un vocero, un valiente que se arrojara a la plaza pública. Alguien que viniera del infierno, que transpirara azufre, que estuviera dispuesto a aliarse con el villano favorito del siglo XXI, la maestra Elba Esther. Alguien que no tuviera empacho para hablar de valores, de productividad, disciplina, calidad, sabiendo que fue creado en el laboratorio de un grupo de presión, de un poder fáctico. El señor Quadri tiene asegurado su lugar, no en la historia ni en los libros de texto, sino en las anécdotas de cantina, en las charlas de café, en los análisis de los estrategas de las campañas negras, atomizadores del voto.
Refrescó las mentiras dichas en campaña, las hizo más elásticas, probó los límites de paciencia de los ciudadanos: no soy un político, soy un ciudadano, me preocupa la educación, no conozco a Elba Esther Gordillo. Con el candidato de Nueva Alianza se revalorarán los círculos de lectura (donde supuestamente conoció al líder del PANAL). Desde esa confesión del señor Quadri mi actitud en las reuniones, en las tertulias ha sido distinta. No llevo corbata (no es para tanto) pero sí ensayo y hago un repaso previo de las novedades literarias, de lo políticamente correcto, de los temas de moda. De momento nadie me ha ofrecido nada, pero en este país de las oportunidades, donde un académico, un maestro (Hank), una maestra (ya saben quién), pueden alcanzar la cima, tener derecho de picaporte con los que mandan, todo puede suceder.
Quadri puede asumir su pose académica, de superioridad moral porque representa a ese sector de la población que reclama airadamente sus derechos pero aprovecha la menor oportunidad para evadir sus obligaciones, tomar atajos, pasarse un alto, robarse la luz, meterse en la fila.
Al que sabe los caminos para sacar ventaja se le ve, en algunos círculos, como alguien astuto, vivo, cabrón como sinónimo de éxito. Quadri puede escupir al cielo porque sabe que el paraguas del SNTE no sólo cobija incompetencias, hay lugar para yernos, nietos, hijas, intelectuales (revisen a qué autores le editó libros el SNTE a través de su fundación), asesores (que vivían en su edificio) y candidatos útiles. Quadri no le teme a las críticas, no las escucha, disfruta el momento. Eso no cambiará… a menos que alguien le acerque un espejo (ira autocrítica) y vea en él la medusa que lo convertirá en piedra, olvido, volatilidad.




