Carta a México

“Nuestras manos se llenarán / de yagas / nuestras almas acumularán
más de mil tormentas / pero hay que luchar con
la esperanza en los nudillos […]”
Sandino Bucio, “Las bestias y las flores”

Pero México, no estás solo. (Foto de Lilian Nelson)

México, tu nombre ha intentado ser humillado nuevamente. Desde hace años, gente enajenada por sus propios intereses y engolosinada por el poder parasita tus entrañas y necrosa casi todo lo bueno que pudiera florecer. Tan sólo en el último sexenio te causaron una hemorragia de más de 60 mil personas y, para ellos, para los insectos hematófagos, para esa lepra que te descarna descaradamente, 60 mil nombres a la deriva siguen siendo insuficientes. ¿Cuántos más? ¿Cuántos hermanos, cuántos padres, cuántas hijas deberán seguir soportando todo el dolor que te estremece?

Recién concluidas las elecciones del primero de julio, la ideología abanderada de la peste que te enferma, la que ya se pavonea como vencedora, la que regresa sin haberse ido nunca, asegura continuar la guerra que ha sido la culpable de todas tus desgracias.

Pero México, no estás solo. Únicamente los conformes con personas deleznables te dan la espalda, que son los pocos. Todo tu pueblo se levanta con flores y cantos bien cargados para defenderte. Las calles se vuelven tribunales de la mentira y la manipulación. Todo Internet sale para defenderte; las redes sociales difunden una protesta sin misericordia. Que quede claro que para la farsa no habrá tregua. Que la indignación de ver tu nombre manchado de sangre y podredumbre soliviante a los inconformes, pero que nadie se quede callado, porque todo aquel que calla es cómplice del crimen.

Estos días poselectorales transcurren tormentosamente. Y, sin embargo, entre tanta oscuridad, la gente sigue alumbrando.

¿Cuánto será el descaro que se embarre en las calles, en los medios, en las pantallas que vomitan un México que no es, que no eres? ¿Los responsables de todo el juego sucio tendrán el suficiente valor para asumir su responsabilidad; de levantar la mano y condenar los actos que nos convierten en la burla mundial? Sin importar cuál haya sido el resultado de los comicios electorales, hubo un proceso previo que los ennegreció, que pudrió lo que ha sido bautizado como el más ejemplar ejercicio democrático. ¿No es esto vergonzoso? No se puede esperar nada de quien se vanaglorie de tales declaraciones.

México, sin importar los colores que hayas portado ese primero de julio, tienes que vestirte, ahora, con la ropa de la dignidad y demostrar que nadie te ve la cara, porque si dejas pasar este insulto hacia todo tu pueblo, hacia ti, cargarás con una mancha que nunca nadie borrará de la memoria, otra mácula que, lamentablemente, perforará la esperanza que aún queda.

Ahora como nunca te duelen todos tus muertos, las injurias, los engaños, las lágrimas de los ojos que se abrieron por primera vez y vieron tus ruinas. Sin embargo, esto debe soliviantar tu ánimo, porque el día que te hundas con todo, será tu rendición inevitable.

Acusemos a todos los culpables, a los que te traicionaron, a los que abren tus venas y entierran tu sangre en una fosa común. Demuestra que no eres como ellos y que seguirás resistiendo todos los embates. Qué tanto importan las congratulaciones extranjeras, eres tú, México, quien tiene la última palabra, y el primer paso es que no te quedes callado ante lo que debe ser exigido y recordado.

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