Elecciones, decepciones y desatinos

El primero de julio se realizaron las elecciones más grandes que han ocurrido en México: el padrón electoral es el mayor de la historia, el presupuesto invertido sorprende por su abundancia, la participación de actores individuales y colectivos fue mucho mayor a la esperada, el escrutinio y activismo público estuvo presente antes, durante y después de los comicios, las redes sociales digitales y a pie incidieron como nunca lo habían hecho, entre otros muchos factores que constatan el vigor de la democracia en nuestro país.

Las elecciones del pasado primero de julio nos demostraron que el vigor de la democracia fue metódicamente socavado por muchos de los que participaron en la contienda electoral. (Foto de elcinco.mx)

Sin embargo, y a pesar de lo enumerado, estas elecciones también han demostrado que de nada vale la participación ciudadana cuando las cúpulas en el poder deciden el destino de un país. Si bien es cierto que en un estado democrático la alternancia partidista es necesaria y saludable, también lo es que ésta pierde su validez y justicia si se finca en prácticas ilegales documentadas y denunciadas desde hace meses, prácticas que llegaron a su punto más alto en los días previos al pasado domingo y que no son privativas de ninguno de los partidos políticos de nuestro país, aunque sí sean realizadas con mayor destreza, descaro y recursos por el viejo PRI. Lo que sorprende e indigna no es la existencia de estas prácticas, sino su amplio uso, incuestionado por quienes participan en ellas y naturalizado por los que observamos; pareciera que la única democracia posible en México es la de las dádivas y amenazas, la del acarreo a cambio de favores o el hostigamiento violento.

En un país democrático el cuestionamiento de los resultados electorales por parte de uno o varios de los contendientes es algo tan normal que incluso está regulado jurídicamente; lo que extraña es la rendición de dos candidatos antes de conocer el cómputo total de los votos, las felicitaciones del Presidente en turno al potencial ganador, la puesta en marcha de una maquinaria que pasa por encima de los procedimientos electorales adelantando vencedor y perdedores. Lo que extraña, indigna y atemoriza es que las instituciones encargadas de asegurar la legalidad y equidad de las elecciones sean omisas a las denuncias presentadas por ciudadanos y partidos; que aseguren una contienda perfecta cuando nadie ha dado seguimiento ni solución a los expedientes que documentan el uso de dineros públicos o de procedencia dudosa para financiar a un candidato; nadie ha resuelto si la intervención de las televisoras ha sido legal; nadie ha aclarado a cambio de que favores el partido en el poder abandonó a su candidata; nadie ha explicado por qué existe un partido amarrado a las faldas de una líder sindical.

Las elecciones del pasado primero de julio nos demostraron que el vigor de la democracia fue metódicamente socavado por muchos de los que participaron en la contienda electoral. Estas elecciones nos enseñaron que la existencia de movimientos de estudiantes y ciudadanos en algunas partes del país no puede contrarrestar la desinformación y el abuso de las necesidades existentes en otras regiones. Por ejemplo, circula en internet un video en el que un grupo de personas exige se les pague su ilegal intervención en las elecciones para favorecer al PRI; demandan que este partido los retribuya por violar la ley y actuar en contra de sus propios derechos y obligaciones; este caso es emblemático porque evidencia que la democracia no puede ser en un país que carece de una mínima consciencia de la legalidad, en un país históricamente depauperado para que unos cuantos mercenarios del hambre engañen, intimiden y exploten al resto de la población. No justifico las acciones ejercidas por los individuos que aparecen en el video, sólo me pregunto en qué nivel de vida se encuentran para aceptar eso.

Sin duda son muchas las interrogantes que se irán resolviendo con el paso de los días y otras tantas las que surgirán para no resolverse jamás. Ante un escenario desolador, ¿qué es lo que nos queda a los mexicanos que no estamos conformes con la pseudodemocracia que vivimos y pagamos a precio de oro? En un país de contrastes como México son millones los que se organizan en contra de los resultados electorales y del sistema que los convalida, pero también son millones los que permanecerán ajenos o resignados frente a este nuevo golpe a la democracia. No se trata de dividirnos en un nosotros y ellos, de suponer (estúpidamente) que algunos mexicanos son mejores que el resto; el reto es pelear porque las diferencias geográficas no impliquen desigualdades sociales, económicas y culturales. La verdadera lucha por la democracia apenas está comenzando.

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