La debilidad de Peña Nieto

Tal vez Enrique Peña Nieto entre a la Presidencia de la República más débil que Carlos Salinas de Gortari -como si el panista Felipe Calderón Hinojosa lo hiciera sobre miel y hojuelas hace seis años- o tal vez el neo priista mexiquense, heredero de toda la estirpe hankista y del grupo Atlacomulco, se siente en la Silla Presidencial con las patas muy débiles y a punto de quebrarse, pero quien aspira a gobernar este país hasta 2018 le sigue quedando muy grande la banda presidencial en México y desde los ojos del mundo.

¿Cómo gobernar así sin que tu imagen sea una especie de teatro del desconsuelo? Hoy, próximo al cumpleaños, otra vez las redes sociales y sus usuarios han retacado de chascarrillos y mofas el cumpleaños de Peña Nieto. Una figura muy débil, y debilitada, para ser cierta. No sé si hay focos rojos en el equipo que cobija a quien ostenta la mayoría de votos de la elección del primero de julio, o si no dejan de tomar café por los nervios que hay en torno a las impugnaciones del PAN y del PRD para anular las elecciones del primero de julio, pero legalmente hasta ahora el IFE y el TEPJF no encuentran los elementos jurídicos para echar atrás la elección. No hay argumentos, todavía, para declarar inválido el proceso.

De ser así, sería, sin duda, una resolución que sacudiría desde las raíces la historia de componendas y control del poder político y económico en México. ¿Qué nos lleva a pensar lo contrario? No hay condiciones ni interés de quienes podrían echar atrás el proceso electoral. Sería lo más deseable para algunos pero hacerlo es aventar al país a un periodo convulso. ¿O es mejor llevar a un Presidente muy debilitado a Los Pinos, ilegítimo para una mayoría de mexicanos, o echar abajo un proceso electoral viciado desde el inicio con la sentencia de que la Presidencia no se compra?

Lo sabremos en algunos días desde el veredicto de la sala superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. No habrá sorpresas. Peña Nieto obtendrá su constancia de mayoría y, con ello, será declarado Presidente de México.

Lo que viene será un país de revueltas políticas, de chistes constantes a la figura presidencial cada vez más débil. ¿A quién le beneficia esta situación del país? A muy pocos y nos perjudica a muchos. Peña Nieto, tal vez, sea el Presidente más debilitado de los últimos años del país, incluido Fox y Calderón, para la desgracia de los mexicanos. Sin duda, una figura presidencial así, cantinflesca, acotada para ejercer el poder, beneficia a esa oligarquía controladora y manipuladora del desarrollo del país. El costo que pagarán millones de mexicanos en los próximos seis años será muy alto, como nunca.

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