No era el dinosaurio el que dormía

Texto de Alejandro Peña García

La cita más recurrente y parafraseada de los últimos días pertenece al genio fantástico de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Es la cifra irónica de todo tipo de sentimientos. Tristeza, impotencia, rabia, indignación.

Para otros es la realización del anhelo por el pasado, que realmente nunca se fue, pero al cual se le ganó terreno poco a poco a través de los lustros. El pasado con una cara definida por los nuevos tiempos de la publicidad, que explota los más básicos resortes de la psique humana. La publicidad no es ya joven, pero llegó para quedarse. Puede crear todo tipo de productos, y vender lo viejo como nuevo. Digamos, por ejemplo, un dinosaurio.

El dinosaurio no conoce sus límites, pues circula en los hábitos y hunde sus raíces profundas en la historia. Es la política “realista”, el que no transa no avanza, un político pobre es un pobre político, yo hago televisión para jodidos. La bestia inmensa adelanta una pata y luego otra. Por eso no alcanzan los espejos brillantes (legalidad democrática, mayor transparencia, repartición del poder, futuras reformas electorales vislumbradas desde el mismo día primero), no alcanzan para aceptar que El Error se imponga. Esa careta que ya gobernaba “virtualmente”, que se fue cayendo a pedazos (resistió a tantos y enormes escándalos) y sin embargo se impone con la tercera parte de las conciencias.

El voto tiene su valor de uso y su valor de cambio. Para algunos habrá sido la decisión razonable del retorno de “quienes sí saben gobernar”, de quienes roban pero hacen funcionar las cosas y no se ponen a darle de palos al avispero. Para otros valió unos centenares de pesos, que sirven para comprar cosas, y ya es un avance que exijan que se les pague lo prometido. Para otros vale la simpática fachada del tipo exitoso, pose de revista del corazón. La mole sáurica siempre fue de múltiples manifestaciones, acomodaticia, mutante y a la vez siempre ella misma. Y no se irá por su propia cuenta ni por su propio pie. Antes era una especie de medio ambiente viral, ahora podemos ver bien su forma cuando la tenemos en frente, sin importar la camiseta que vista.

No era el dinosaurio el que dormía. Pongamos, en la bella metáfora de Monterroso, el acento en el sujeto, que tiende a ser invisible por la presencia apabullante del viejo reptil: ¿Quién despierta?, ¿qué soñaba?, ¿qué hará ahora que cree ver claramente?, ¿volverá a dormir para dejar de ver, para que quizás en otro despertar –se puede dormir por décadas- el dinosaurio ya no siga allí? Las voluntades en su contra son mayoría, le dijeron “no” con una marca en la boleta. Pero lo fundamental es que sean más fuertes, más resistentes, más imaginativas. ¡Menos dinosáuricas! Creo que esas voluntades dicen: “No gobernará El Error, aunque esté en Presidencia. No apartaremos el cáliz. Las cosas ya están cambiando.”

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2 comentarios a No era el dinosaurio el que dormía

  1. JUAN MANUEL PEñA julio 7, 2012 en 12:50 pm

    Es verdad estamos en el camino correcto no devemos rendirnos, el dinosaurio se va a ir, (lo vamos a echar) Solamente hay que estar despiertos y dispuestos.

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  2. EDUARDO BARRAZA julio 6, 2012 en 6:51 pm

    Sí. En la mañana del 2 de julio me desperte y allí seguía el copetosuario.

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