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Cómo sobrevivir al amor

Cómo sobrevivir al amor

Nada va a cambiar la formación que recibieron. Ni el matrimonio, ni usted, ni el amor que le tiene. La culpa es de quien le dio esa educación: su madre.

¿Le enseñaron amar a una mujer?

¿Le enseñaron amar a una mujer?

Cuando se es detallista y atento, el físico queda desplazado. Si su hijo no sabe cómo tratar y no es atractivo, no pida que tenga una nuera con clase, ni bonita.

Seguramente hay una palmera en esta historia

Seguramente hay una palmera en esta historia

Porque contigo no tengo que hacer cálculos de cuándo decir esto, ni escoger el momento perfecto para contarte aquello. Tu forma fluída de vivir me lo impide.

Esa casa llena de sombras

Esa casa llena de sombras

Una noche de esas noches fui expulsado de mi cama, salí desorientado de mi alcoba en busca de un refugio donde los rayos de la luna me cubrieran y me hicieran invisible. Un sillón en el estudio me brindó hospitalidad.

Asuntos calientes

Asuntos calientes

Los tiempos cambian, pero no suficiente. Un tipo mujeriego recibe una palmadita en la espalda por parte de sus cuates; una chica de cadera distraída, la mirada reprobatoria de quienes la rodean.

Cita en el Salón París

Cita en el Salón París

A las cinco era la cita y aún no eran ni las tres cuando me senté en la mesa más cercana a la salida del París, la que mira a Díaz Mirón. Esto lo hacía por la más elemental estrategia de salida.

¿Y cuándo la noche se acabe?

¿Y cuándo la noche se acabe?

Esa fue –siempre ha sido– la penetración primigenia: la de los ojos de una mujer en los de un hombre. Después todo fue inconciencia y gemidos, mezclas que parecían el camino al infierno: sudor, fuerza.

Que dice Majo que tengo Asperger

Que dice Majo que tengo Asperger

Son mejores escribiendo que hablando con la gente, porque son cuidadosos eligiendo las palabras que significan exactamente lo que quieren decir, por lo cual se muestran más expresivos en un frío chat.

Te miraba, admirada de ti

Yo quería sacarme las imágenes de la mente. Olvidar tu risa, ¿Por qué no puedo olvidar tu risa? Esa plática en la que intentabas explicarme lo que sucedía entre nosotros. Con la seriedad de tu voz.

Pégame, pero no me dejes

Ana tiene 55 años. Aguantó una vida de golpes de su esposo (más de 25 años casados) hasta que un día decidió interponer una demanda de divorcio por abandono de hogar. Siempre supo que él la engañaba.

Y hasta de noche ves mis ojos

Un instante, concierto de Aranjuez en mi memoria, aunque todavía no llegaba el sol para escucharlo. Se apaga la luz y entonces empieza el juego de las sombras y las miradas largas y las pieles azules.

“Mujer fatal” con ¿hombre guapo?

Era beso tras beso, porque de pronto nos desatamos el miedo y parecía que llevábamos años con la urgencia de nosotros, abrazándonos, arrastrando las emociones en cada roce, en cada espasmo del cuerpo.

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